Eran alrededor de las 14:30 horas de un caluroso domingo 10 de diciembre, estábamos los Jorges, mi prima y yo en el departamento “perverso” (hacer el gesto técnico conocido por los “terapistas”), finalizando un extenuante y gran fin de semana largo, el que incluyó: asado pic-nic en el Cajón del Maipo, chorrillanas en el J. Cruz de Valpo. -gran dato de Rick “rostro” Love-, playita viñamarina, comidas de graduados, onces familiares y cumpleaños.
Nos disponíamos a almorzar mientras con el notebook en la mesa bajábamos las fotos del gran finde. En ese momento suena mi celular mostrando en la pantalla “Mamá, llamando” aló? digo y sentí al otro lado de la línea un grito sin previo saludo diciendo “¡¡¡Murió……. et!!!” gracias a la maldita y ondulante señal de Movistar –o más bien Malestar o Molestar- no entendía quién cresta era el muerto, al mismo tiempo mi corazón se posesionó latiendo como loco en el cuello, mientras los demás simulaban tranquilidad, pero todos esperando una trágica noticia… y yo ¿¿¿Quién murió??? y al otro lado seguía escuchando la voz de mi madre gritando “¡¡¡Murió…….. et!!!” y yo desesperada le grito: ¿¿¿Quién??? Y ella grita “¡¡¡PINOCHET!! Y Ahí debo reconocer que mi primera alegría fue enterarme que el occiso no era alguien de mi familia o amigos y grité a todos ¡¡¡MURIÓ PINOCHET!!!
Los Jorges y yo corrimos a la tele y con celulares en mano comenzamos a llamar y llamar, era algo así como el comercial de un supermercado “¿¿¿Josefina, es verdad???”. Otra vez suena mi celular, era mi hermano que estaba comiendo en un boliche y me dice “¿es verdad?” sí le digo exultante y él da el anuncio a otros comensales que también se alegran y vitorean. ¡Todo el mundo está feliz! y en breves minutos empezaron los bocinazos en Vicuña Mackenna, los brazos en alto, los gritos, la gente saltaba de alegría, increíble, era una fiesta nacional y todos querían participar!. Cuando vimos que a pesar de los 30º de calor, la Plaza Italia estaba saturada de gente enfervorizada, volví a recordar el triunfo del NO, cuando aún sin derecho a voto mi padre nos llevaba con banderas de arcoiris a cantar, aplaudir y a apoyar, viviendo los primeros signos de la democracia. ¡Inolvidable!
Pensé en lo feliz que estaría la Cata (de la U obvio…) y también me acordé de las palabras de Guillier, pobre. También pensé que menos mal que se murió cinco días antes del Lanzamiento 2007 y 150 años del teatro, sino todo el trabajo se hubiese ido a las pailas. Pero en el fondo estaba shockeada, no sabía qué hacer, a quién más llamar, estaba hiperventilada, pero por dentro… así que decidí mejor sentarme frente a la TV –siesta incluida- viendo como la gran noticia recorría el mundo; compadeciéndome de mis aplicados colegas y agradeciendo haber salido de la U para ahorrarme algún reporteo no deseado. Todo esto con una sensación de sentimientos encontrados, hasta que escuché una frase de algunos entrevistados e incluso de mi admirado Benedetti que me hizo click: “la muerte le ganó a la justicia” y ahí entendí mi sentir... Desde que supe que este viejo era un asesino de mierda, una bestia sin sentimientos soñaba con verlo sufrir, derrotado, humillado y pidiendo perdón, quería que pagara hasta lo último. Demasiado el sueño…
Recuerdo que siempre cuando me preguntaban ¿odias a alguien? Yo contestaba: “A Pinochet” y no por tener a algún amigo o familiar detenido desaparecido, sino por todo lo que fui leyendo desde adolescente, o por los casos de amigos de mis padres y de vecinos que sufrieron el exilio, la mayoría de ellos sin tener nada que ver con política... y de otras cientos de historias de las que me fui enterando a través de los años de boca de los mismos protagonistas y de otros tantos testigos.
¿Cómo puede alguien desear tanto el poder y hacer tanto mal?, misterios de la humanidad… aunque este señor estuvo muy lejos de ser humano… Nadie dice que la razón o la verdad la tuviera un solo lado… pero las muertes y atentados contra los derechos humanos, no se justifican con nada…
El otro día hablábamos con una amiga, el fenómeno en torno a este ser. Esas señoras enfervorizadas que lo elevan a categoría de Dios, insólito. Es como una especie de trance, digno de analizar por expertos. Todos tenemos derecho a nuestras opiniones, a nuestra verdad y a contar cómo vivimos tal o cual momento, pero de ahí a que sea un Dios, un Salvador, por favor!!!, eso sí es perder las proporciones, tal como este señor las perdió durante 17 años…
Fueron 17 años en que no sólo mató, torturó y robó, sino que además mutiló a toda una generación privándola de libertad de expresión, de cultura, de verdad, haciéndola crecer en el país del terror, del miedo, de los cacerolazos y de los constante rumores de saqueos, ¿cómo olvidar las noches de disparos y del ruido del helicóptero sobre el techo de la casa, mientras nuestros padres se desvelaban temiendo lo peor? Imposible. Inevitablemente quedamos marcados.
Por eso la alegría, por eso esos miles de rostros sonrientes, saltando felices, abrazando a medio mundo, por eso los vítores, los bocinazos y las banderas de colores. ¡Qué ganas que el final hubiese sido diferente y más justo! Ahora confiémos en que la Justicia Divina haga lo suyo… ojalá llegue esa hora...
EMAG
(Escrito a pedido de mi primo "Perverso")